Zona de Interés Regional (ZIR, 2006)
Zona de Especial Conservación (ZEC, 1998)
Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA, 1989)

Lugar de Importancia Comunitaria (LIC)

Sierra de San Pedro



    

El mayor reducto de bosque y matorral mediterráneo es la indómita Sierra de San Pedro, declarada Zona Especial de Conservación y Zona Especial Protección para las Aves, que con sus más de 115.000 hectáreas, ostenta la distinción de ser el mayor de los Espacios Protegidos de Extremadura.

A lo largo de toda su extensión están magníficamente representados los encinares y alcornocales. La densidad forestal que alcanza, sobre todo en las zonas más abruptas, convierten a la Sierra de San Pedro en un enclave vital para inquilinos de alta alcurnia, como el Águila imperial, el Buitre negro o el Águila perdicera. También existen refugios de quirópteros cavernícolas, que son de los más destacados de Europa. Aunque la especie que con mayor propiedad hace gale de enseñorearse en San Pedro es el ciervo, que aquí mantiene poblaciones difíciles de encontrar en otro lugar.

Accesos


Desde la zona norte de España

Por la carretera N-630 ó N-110 hasta Plasencia, continuando después por la primera hasta Cáceres. Desde la capital se pueden seguir dos itinerarios a través de dos carreteras nacionales, la N-521 y la N-523. Por la N-521, tomándola en dirección a Valencia de Alcántara, se accede a la sierra desviándose en Aliseda por la carretera comarcal que va a Villar del Rey y tomando a 15 kilómetros la carretera hacia Alburquerque. También, siguiendo la N-521 hasta el cruce de Herreruela, donde por la C-522 atravesaremos la Sierra de San Pedro y llegaremos a Alburquerque. Además, por la EX-100 desde Cáceres en dirección a Badajoz hasta el cruce que nos lleva a Aliseda. Si continuamos por la EX-100 encontramos otra entrada hacia Villar del Rey desde donde se sigue la ruta directamente hacia Aliseda o se puede llegar hasta Alburquerque; aquí podemos optar por tomar la carretera de Herreruela o Aliseda.

Desde la zona sur
Por la N-523 desde Badajoz en dirección a Cáceres por los accesos ya comentados hacia Aliseda y Villar del Rey. Por la EX-110 desde Badajoz hasta Alburquerque, y de aquí se puede seguir hasta San Vicente de Alcántara, tomando después la carretar local a Salorino.

Desde el centro
A través de la A-5, (E-90) se llega a Trujillo donde se toma la N-521 hasta Cáceres, siguiéndose desde aquí las rutas ya indicadas.

El Paisaje y el Hombre en la Sierra de San Pedro

La Sierra de San Pedro representa el último sector de la Cordillera Oretana, que se inicia en los Montes de Toledo y se extiende de Este a Oeste penetrando por Portugal a través de la Sierra de San Mamede. Es la divisoria de aguas entre las cuencas del Tajo y del Guadiana y hace casi frontera perfecta entre las provincias de Cáceres y Badajoz. La carretera EX-100 que une ambas capitales atraviesa en esta sierra los puertos de "El Clavín" y "El Zángano". "El Torrico de San Pedro" es el punto de máxima altitud con 703 metros sobre el nivel de mar. Es un conjunto de sierras más o menos paralelas, coronadas por afloramientos cuarcíticos de la era primitiva que se levantan entre los 210 y algo más de los 700 metros de altitud. El paisaje es típico de ecosistema mediteráneo donde predominan los bosques y dehesas de encinas y alcornoques regados por riveras que desembocan en el río Salor y por el río Alburrel, afluente del Tajo, que corre por la parte más occidental. Hacia el Guadiana descienden el río Zapatón, con su alfuente, la Ribera de Albarragena. Algunos embalses salpican el espacio protegido; el de más entidad es el de la Peña del Águila, en Villar del Rey.
El hombre habitó la zona desde tiempos remotos, y prueba de ello son las numerosas muestras del período megalítico que encontramos en fomra de dólmenes entorno a Valencia de Alcántara y San Vicente de Alcántara. En las cercanías de Alburquerque existen pinturas rupestres en el llamado Abrigo del Risco. Algunos castros ubicados en lo alto de la sierra representan a la época prerromana. Situados en los lugares más difícilmente accesibles encontramos varios castillos de gran importancia en el pasado, como el Castillo de Alburquerque, el de Azagala, el de Mayorga y el de Piedrabuena.
De la riqueza cinegética de la Sierra de San Pedro ya habla Pascual Madoz: "un bosque inmenso, abrigo y mansión de perpétuas fieras de toda clase se caza, entre ellos el gato cerval". Todavía se realiza la "ronda", una modalidad tradicional en la que la caza se efectúa sólo con perros y machetes. Tras la Guerra Civil la sierra sirvió de refugio de maquis.
Actualmente es una zona que ha intensificado su vocación cinegética, desarrollándose en ella alguna de las mejores monterías del país; ello hace que la gastronomía típica se base especialmente en la caza, siendo famosos platos como el arroz con liebre y el guisado de venado.

Flora de los Roquedos

Los afloramientos cuarcíticos de los altos de la sierra acogen una flora adaptada a las especiales condiciones que aparecen por mayor exposición a los vientos y al sol. Crecen aquí elementos rupícolas de gran interés como las hermosas clavellinas (Diantus sp.), algunas especies de acederas (Rumex sp.) y las dedaleras (Digitalis sp.), de reconocida fama medicinal. Algunas crapsuláceas como, por ejemplo, el ombligo de Venus (Umbilicus pendulinus) así como especies del género Saxifraga, también frecuentan la supercie de las rocas. Aparecen también en las cimas, encinas y alcornoques, más bien de porte achaparrado. Cornicabras, acebuches y labiérnagos llegan también cerca de los altos. El enebro (Juniperus oxycedrus) es característico de estos lugares. En cunato a las plantas sin flor, tienen como representantes a los líquenes que colonizan la superficie de las rocas, y a los helechos de los géneros Asplenium y Polypodium.

Fauna de los Roquedos
Entre las especies más llamativas que instalan sus nidos en las parecedes cuarcíticas de la sierra destaca el águila real, que es la más grande las águilas ibéricas; su portentosa envergadura alar sobrepasa los dos metros de punta a punta.
En vuelo picado que a veces sobrepasa los 200 kilómetros por hora, el halcón peregrino ataca a sus presas, en especial a las palomas bravías, chovas y grajillas.

Las colonias de buitres leonados se asientan en los más escarpados cantiles, desde los que se lanzan para prospectar el entorno en busca de cadáveres de animales.
El alimoche, llamado popularmente "quebrantahuesos" acompaña a los buitres en sus festines. Es un carroñero, que compite a veces por las repisas donde ubicar su plataforma nidal, con cigüeñas negras (Ciconia nigra) y con búhos reales (Bubo bubo); de estos últimos, que son las rapaces nocturnas más grandes de Europa, la Sierra de San Pedro alberga una importante población. Su nido lo colocan en oquedades de paredes rocosas perfectamente rodeadas de bosque. De roca en roca lanzando al viento su melodioso canto, el roquero solitario (Monticola solitarius) reclama la atención de sus hembras.
Destaca por su impresionante vozarrón el cuervo (Corvus corax).
Los murciélagos son un grupo abundante en la sierra que ocupan cuevas y grietas; resultan muy beneficiosos por su dieta insectívora; entre ellos cabe señalar a los murciélagos de herradura (Rhinolophus sp.).

Flora de Ríos y Riberas

En la zona más cercana al agua, incluso en las isletas dentro de los
 cauces, la especie Salix salvifolia es un endemismo de la Península ibérica. En la misma ribera pueden aparecer alisos (Alnus glutinosa), fresnos (Fraxinus angustifolia), chopos negros (Populus nigra), álamos blancos (Populus alba) y algún almez (Celtis australis). En las márgenes existe una especie de matorral de amplia extensión en toda Extremadura la tamuja (Securinega tinctoria), varias especies de juncos del género Scirpus, a menudo acompañadas por carrizos (Phragmites sp.), eneas (Typha sp.), frailecillos (Lythrum salicaria) y la hierba de San Antonio (Epilobium hirsutum). Cerca del agua, en las zonas más sombrías, crecen algunos helechos, el más llamativo el helecho gigante (Osmunda regalis). Las orillas acogen una serie de especies muy llamativas por su belleza y colorido. Avanzado el invierno empiezan a florecer los narcisos (Narcisus sp.), los candilillos (Arisarum simorrhinum) y más tarde los lirios (Iris pseudacorus). La vegetación acuática, enraizada bajo el agua, prospera en aquellos charcos y caorzos que no pierden el agua en el estío. Los géneros más frecuentes son Potamogeton, Zannichellia y Myriophilium. En los cauces secos abunda el poleo (Menta polegium). En los sitios donde el agua se estanca y existe un buen aporte de materia orgánica proliferan las lentejas de agua (Lemna sp.).
Entre las especies de liana que necesitan el soporte de sus árboles para desarrollarse se encuentran la nueza (Brionia dioica), la nueza negra (Tamus communis), las zarzamoras (Rubus sp.).

Fauna de Ríos y Riberas

En los cauces fluviales, el martín pescador (Alcedo atthis) vuela sobre
la superficie con perfectas trayectorias rectilíneas. Dentro de las aguas pesca la nutria (Lutra lutra), especie que indica la buena calidad ambiental de los sitios donde se la encuentra de modo permanente. Entre la vegetación de las riberas e incluso en la de las islas que quedan en el interior de los cauces se apostan especies piscívoras como la garza real (Ardea cinerea), la garceta común (Egretta garzetta) o el martinete (Nycticorax nycticorax). Existe una gran diversidad de especies de peces, unas autóctonas como el barbo comizo (Barbus comiza), la boga, la pardilla, la carpa (Ciprinus carpio), la tenca (Tinca tinca), y otras de origen foráneo que ya están perfectamente adaptadas al medio como el lucio (Esox lucio), el black-bass (Micropterus salmoides) y el percasol. Los reptiles son un grupo de importante presencia, dentro de él las especies más representativas son el galápago leproso (Mauremys caspica) y el galápago europeo (Emys orbicularis), la culebra de agua, la "viperina" (Natrix natrix).


Flora del Monte y Matorral Mediterráneo
Los Encinares y Alcornocales están adehesados en valles y vaguadas, pero al ascender por las laderas de las sierras hacia las zonas más escarpadas, el bosque casi no ha sido transformado: se parece al primigenio bosque mediterráneo. Entre los árboles acompañantes está el peral silvestre (Pyrus bourgaeana), que incluso llega a formar pequeños bosquetes. Las especies arbustivas más características son el labiérnago (Phillyrrea angustifolia), el madroño (Arbutus unedo), el majuelo (Crataegus mongyna) y el durillo (Viburnum timus). En el matorral aparecen algunos endemismos ibéricos, la retama blanca (Cytisus multiflorus) y el escobón morisco (Cytisus striatus). Las jaras están bien representadas por la jara pringosa (Cistus ladanifer), la jara blanca (Citus albidus) y el jaguarzo morisco (Cistus salvifolius). En umbrías y zonas de mayor humedad crecen los brezos, Erica australis y Callluna vulgaris. Ciertos lugares son muy codiciados por los lugareños porque en ellos abunda la madre de las criadillas (Xolanta tuberaria). Además son frecuentes el torvisco (Daphne gnidium), el mirto (Myrtus communis) y algunas lianas como la rubia (Rubia peregrina) y la madreselva (Lonicera etrusca). En el estrato herbáceo aparecen geranios como Geranium lucidum y Geranium robertianum, la hierba estrella (Anemone palmata), las candilejas del género Thapsia y el helecho (Asplenium adiantumnigrum) o culantrillo negro. Como curiosidad hay que destacar a la Chupamieles o tetica de doncella (Cytinus hipocistis), planta sin tallo que parasita las raíces de las jaras. En alcornocales son especialmente abundantes las cornicabras (Pistacia terebinthus), la olivilla (Teucrium fruticans), el garbancillo (Astragalus lusitanicus) y la rosa de Alejandría (Paeonia broteri) especie de singular belleza pero de propiedades tóxicas que aparece en los claros del bosque.

Fauna 
del Monte y Matorral Mediterráneo
Sin lugar a dudas la estrella de la fauna de "Sierra de San Pedro" es el águila imperial ibérica (Aquila adalberti), considerada como la especie alada más bella de la avifauna europea. Extremadura tiene la mayor población mundial y, aproximadamente el 50% del total regional (21 parejas) sobrevuela estas sierras.
La población de buitre negro (Aegypius monachus) ocupa el segundo lugar del mundo en cuanto a número de individuos después de Monfragüe, con 160 parejas. Nidifica
frecuentemente, como la imperial, sobre grandes alcornoques.
Uno de los córvidos más hermosos que podemos observar es sin duda el rabilargo (Cyanopica cyanus), ave colonial que anida sobre encinas de laderas y dehesas.
Hay mamíferos que suelen trepar por el tronco de los árboles dejando sus marcas de territorio en ramas de encinas y alcornoques; asi ocurre con la gineta (Genetta genetta) y la garduña (Martes foina). Entre los reptiles abundan el lagarto ocelado y la culebra bastarda.
El matorral es el reino de las currucas (Silvia sp.), las que más fácilmente pueden observarse son: la curruca rabilarga, la capitrotada y la cabecinegra. Al amparo de los matorrales deambulan varias especies, unas tan abundantes como el jabalí (Sus scrofa) y el meloncillo (Herpestres ichneumon) y otras cuyo estado poblacional ha descendido hasta límites preocupantes como el "gato cerval" o lince ibérico, así como el lobo (Canis lupus). Al llegar
la época de celo entre ramas y raíces la lagartija colilarga (Psammodromus algyrus) luce su espléndida librea.
Debido a su vocación cinegética, en las dehesas existe un gran número de ciervos (Cervus elaphus), junto a gamos (Dama dama) y algunos muflones (Ovis musimon). En las praderas vivaquea el conejo. Durante su invernada, las grullas (Grus grus) frecuentan las dehesas y embalses.
En aquellas zonas muy aclaradas y sembradas es fácil descubrir al elanio azul (Elanus caeruleus), que preda sobre ratones y topillos, las "aguanieves" o avefrías (Vanellus vanellus).
Sobre el pasto del encinar depositan sus huevos los alcaravanes (Burhinus oedicnemus) y los chotacabras (Carpimulgus sp.).